Ida y vuelta PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Ileana Alamilla   
martes, 08 de septiembre de 2009

Por: Ileana Alamilla

 El primer domingo de septiembre se conmemoró el Día del Migrante, una práctica antigua que obliga a las y los seres humanos a buscar contextos menos trágicos para sus vidas y las de sus familiares. Cuando el hambre llega, el hombre y la mujer se van… dice un viejo proverbio. La pobreza es la causa, en la gran mayoría de los casos, de estas travesías crueles.

El fenómeno creciente de la migración con todos sus efectos se está revirtiendo, dada la crisis que persiste en el principal país de destino: Estados Unidos. Han llegado noticias alarmantes e irónicas en relación con las remesas.

Recientemente, una agencia dedicada al negocio de traslado de divisas mostró su extrañeza, no por la reducción de remesas procedentes del norte, sino porque de Guatemala se estaban mandando cantidades modestas de dólares a destinos norteamericanos. La hipótesis es que, debido a la escasez de trabajo allá y a las políticas de persecución a indocumentados, los y las guatemaltecas están afrontando situaciones que los han llevado a pedir a sus familiares ayuda para su sobrevivencia.

Según datos del Centro Pastoral de Atención al Migrante, al menos un 10 por ciento de la población guatemalteca radica en el exterior, de los cuales el 80 por ciento permanece en condición irregular; sin embargo, sus contribuciones al desarrollo han sido enormes: se estima que en el 2008 los migrantes enviaron cuatro mil 314 millones de dólares en concepto de remesas.

Durante el año anterior, las expulsiones superaron la cifra de 28 mil deportados y desde México se repatriaron 40 mil indocumentados, dijo Álvaro Caballeros, de la Mesa Nacional para las Migraciones. Pero no solo esa es la vía del retorno. Muchos compatriotas ya no soportan la presión y están regresando de manera voluntaria, lo cual les permite evitar la restricción de volver a entrar y además se ahorran lo del viaje.

Unifem ha denunciado que las mujeres que se encuentran en una situación migratoria ilegal tienen mayores riesgos de sufrir violencia sexual, abuso y acoso, sus derechos no son reconocidos y los vejámenes se van repitiendo durante el trayecto de ida y vuelta.

La Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal pidió a los gobiernos de la región que pongan atención a las acciones del crimen organizado que afectan a los y las migrantes. Las redes dedicadas a la trata de personas golpean cruelmente a mujeres, hombres y a la infancia, denunció monseñor Álvaro Ramazzini.

La macabra explotación de la pobreza y todas sus secuelas se está reciclando; esas personas tiradas en el camino de la vida, heridas por la falta de oportunidades, asaltadas por la violencia de un sistema que privilegia el tener sobre el ser y que ha hecho del lucro y la ganancia verdades absolutas son las principales víctimas de la injusticia, agregó el presidente de la Pastoral.

La situación no puede ser más complicada y así deberían ser las soluciones que se encuentren. El llamado es a formular planteamientos justos en la búsqueda de solución a las raíces que causan la movilidad forzada. Lástima que no podemos decirles “bienvenidos hermanos y hermanas lejanas”, pues vienen a encontrar más de lo mismo.

Guatemala, 7 de septiembre de 2009

 
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